sábado, 19 de agosto de 2017

Sistemas efectivos aunque no ortodoxos


Yo me voy a ceñir a narrar el hecho, quizás como sintomático. Ocurrió el pasado miércoles en el mercadillo franco del Camino Llano, y al parecer viene ocurriendo con frecuencia en dicho mercadillo, y aun en cualquier concentración de personal más o menos grande. Nos referimos a los “carteristas” o “rateros” —ladrones en general para entendernos— que aprovechan cualquier “río revuelto” de este tipo para hacer su agosto o ejercer, más o menos dignamente, su profesión porque al parecer esta de  ratero” es una profesión como otra cualquiera, aunque como es lógico puede tener sus quiebras.
Tan habituados estamos a esto, que nada más anunciados los Mundiales se calcularon en unos 30.000 los “amantes de lo ajeno” que se desplazarían a España para ejercer “su profesión” y por ahí andarán haciendo de las suyas, con la lógica desesperación de los robados.
Esto no es nuevo, y a cuenta de ello recordamos una anécdota ocurrida en Cáceres cuando nuestro actual Rey, don Juan Carlos, vino aquí. Entonces advirtió, y nos lo advirtió concretamente el entonces Delegado de Información y  Turismo, nuestro buen amigo Munuera Quiñonero, que en estos desplazamientos solían venir carteristas y hasta se había dado el caso de que en una población visitada anteriormente por don Juan Carlos, habían sido numerosas las carteras robadas por este sistema. Pues bien, en el lío que se formó para acompañar al Rey desde la Plaza Mayor a Santa María, fue al propio Munuera Quiñonero al que le robaron la cartera, y eso que la llevaba abrazada con su propia gabardina, y era él el que advertía a los demás… Pero volvamos a nuestro caso.
El pasado miércoles, una señora que hacía compras en el mercadillo, notó que su bolso estaba abierto y le habían quitado de él el monedero. Sospechó de una gitana próxima a ella, que intentaba largarse y tomándola por el brazo la acusó de ello. La calé trató de montar el numerito protestando de que ella no había sido, pero esta señora —que no debe conocer los derechos humanos, ni los derechos de los ladrones, por ser “poco leída”— le largó tal bofetón sin mediar más palabras, que a cuenta de él o del miedo de la gitana, el monedero cayó de las ropas de esta última, quedando el asunto solucionado.
Es, si ustedes quieren, un sistema bárbaro que trasgrede los “derechos humanos” de los que tanto se habla… pero para mí que si la robada no emplea el sistema antiguo y trasnochado del bofetón, a estas horas está llorando la pérdida de su monedero… Para entendernos, si el sistema fue poco ortodoxo, pero no puede dudarse de su efectividad a cuenta de lo visto.
Diario HOY, 25 de junio de 1982

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