sábado, 9 de septiembre de 2017

Arriba y abajo


Hay cierto revuelo en todo el funcionariado por la serie de medidas, imaginarias o ciertas, que dicen van a aplicar los socialistas: que si picar y fichar a determinadas horas; que si jornada partida; que si obligación de permanecer en el sitio aunque no haya trabajo que hacer y lo único que se hagan sean crucigramas… porque parece ser que preocupa más el estar que el hacer, o el permanecer que la eficacia.
En fin, toda una zozobra que comienza por recortar la hora del café —en la que alguna vez había abuso— y termina por suprimir las vacaciones navideñas, que eran ya una institución.
El funcionario está preocupado, pero no sólo a nivel nacional, sino aquí mismo, a nivel local, donde —justo es reconocerlo— si hay alguno que atiende más a sus negocios que a su función, otros saben cumplir de sobra con ella.
En esto de la función hay que tener en cuenta dos cosas: que haya trabajo para realizarla y que, los de arriba sepan repartir ese trabajo… que a lo mejor no saben.
En este sentido, me cuentan el caso de un alto cargo local —al que todos querían cargarse y aún no se ha cargado nadie— que tiene la costumbre de aparecer por la oficina un poco antes de las tres de la tarde, y ya comido, cuando sus subordinados están a punto de terminar su jornada y, entonces, es cuando a él se le ocurre comenzar a repartir trabajo, sin que consienta que nadie se mueva de su puesto hasta que esté realizado, con lo que los funcionarios salen más tarde de la hora prevista y sin que las denuncias de ese abuso hayan tenido repercusión alguna.
Cuando a uno le cuentan esto, que tiene muchos visos de realidad, uno acaba pensando: ¿No convendría más que amedrentar a los subordinados, comenzar con hacer cumplir con su obligación y horario a estos “intocables”?
Pienso yo que las reformas —si es que el caso éste y otros similares son ciertos— deben comenzar por arriba y no por abajo, aguantarlo todo y en muchos casos, el incumplimiento y la responsabilidad suele venir —o debe venir— de arriba y no de abajo. En fin, que los que tienen la responsabilidad de que los funcionarios funcionen son los que —por ejemplo— deben comenzar a funcionar.
Diario HOY, 23 de diciembre de 1982

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