martes, 19 de septiembre de 2017

Astrología política


Eso de estar cogido de la luna debe tener en el fondo alguna realidad. No sé si ustedes recuerdan este dicho popular para justificar alguna cosa inesperada o adelantada. Se suele emplear para justificar alguna salida insólita de alguien, así como se suele echar la culpa a la Luna, o a otros astros, de muchas cosas, como por ejemplo el adelanto de un parto. De todos modos ello debe partir de creencias antiguas sobre la influencia de la que la astrología tenía sobre el hombre y sus decisiones Es más, en la antigua tradición extremeña todavía se siguen empleando, como algo mágico, medallitas con la imagen de la Luna, que solía ponerse a los niños para “que no les cogiera la Luna”.
Se llama, asimismo, “enlunarse” a estropearse la pesca de una charca o un criadero, o el propio agua de ella, echándole la culpa a la Luna de lo sucedido.
Yo no sé si la Luna u otros astros tienen o no influencia en las decisiones de los hombres, porque ahora con la ciencia tan adelantada se han desterrado estas creencias que muchos suponemos supersticiosas, pero que en el fondo de cada hombre suelen seguir vivas. Se da el caso de confesar que no se cree en la astrología, y sin embargo consultar el horóscopo que suele salir en algunos periódicos, aunque confesemos que lo hacemos por simple entretenimiento.
Uno se para a pensar estas cosas y, hacer relaciones de ellas, por ejemplo con los meses, y se da cuenta que el mes de febrero, que acaba de concluir, es pródigo en acontecimientos políticos nacionales de trascendencia, Recuerden el 23-F, o el 23-Rumasa, por citar sólo dos de los próximos, que nos han traído de cabeza y pendientes de los acontecimientos nacionales, muchas veces sin dormir por estar pendientes de la “tele”, a la mayoría de los españoles.
En contraposición, esos meses suelen bajar lo que pudiéramos llamar la noticia o los acontecimientos locales… ¿Será por la influencia de los astros? ¿Habrá algo de cierto en estas creencias? Yo no sabría decirlo, pero como “político contemplativo” —que me he confesado más de una vez— asisto a este devenir de acontecimientos nacionales con la misma ilusión que acude un niño al circo. Ahora salen los payasos, luego los elefantes haciendo monerías, o los monos haciendo elefantadas, o los leones que amenazan con comernos a todos. En fin, que el que no se divierte es porque no quiere, pero materia de entretenimiento sí que hay.
Diario HOY, 4 de marzo de 1983

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