sábado, 23 de septiembre de 2017

La desaparecida procesión del Descendimiento


(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
Muchas de nuestras procesiones son representaciones de la Pasión del Señor y así hay que verlas. Representaciones hechas por el pueblo y para el pueblo. Prueba de lo que decimos es que la cofradía de la Soledad y Santo Entierro, desde muy antiguo y hasta hace poco, poseía una viejísima imagen de Cristo yacente, que estaba articulada, con el fin de subirla al Calvario y proceder a clavarla en la cruz, donde permanecía mientras se predicaba el Sermón de las Siete Palabras, realizándose después al descendimiento de la misma y depositándola en el sepulcro de cristal que poseía la cofradía para iniciar con ella la procesión del Entierro desde el Calvario hasta Cáceres.
Toda esta práctica se hacía en la tarde del Viernes Santo, llevando la imagen hasta lo alto del lugar conocido por Calvario, en la carretera de la Montaña, siendo en lo alto de un balconcillo, que está aún en lo más empinado del risco, donde se instalaba la cruz, sobre la que se clavaba a la imagen, gracias a sus brazos articulados. Desde un púlpito y gradas que han desaparecido hace muy poco, se realizaba el sermón, tomando el pueblo asiento en las gradas y en pleno campo. Tras el descendimiento, y depositada la imagen en el féretro de cristal, se iniciaba la procesión de regreso, portando las andas los sacerdotes de la villa.
Pero como quiera que gamberros los ha habido en todas las épocas, de muy antiguo también, hubo que suprimirla porque durante el sermón los graciosos de aquel entonces, apostados tras de los riscos, arrojaban sobre los fieles que asistían al sermón toda clase de animales como gatos, ratas y cuantas cosas podían soliviantar a los asistentes hasta el punto de que un obispo de entonces decretó el suprimir esta práctica, no volviendo a subir el Cristo al Calvario y haciendo la misma en el interior de la iglesia de Santa María durante algunos años hasta que finalmente se suprimió del todo.
Esta cofradía fue una de las más indisciplinadas siempre, hasta el punto que su tropa de romanos —que era como vestían de antiguo— en el oficio de tinieblas se golpeaban unos a otros, y un año, por un golpe sin querer, murió uno de los hermanos, teniendo otro obispo que suprimir las armaduras y “condenarlos” a vestir túnicas rojas —como señal de luto por el hermano muerto—. Desde entonces entre ellos se llamaban “los cangrejos”.
En definitiva, que también de antiguo hubo de todo en nuestras cofradías, como pueden demostrarlo estas historias de que les hablo, ya que el pueblo, cosa natural, tiene sus cosas buenas y también sus cosas malas.
Diario HOY, 1 de abril de 1983

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