viernes, 1 de septiembre de 2017

La publicidad, fenómeno de nuestro tiempo


Pienso yo que en esto de la publicidad debería haber cierto código para que el producto anunciado se correspondiera con las excelencias que de él pregona la propia publicidad. Si no hay esta correspondencia, al menos en una parte mínima, la publicidad es un engaño. Pero como resulta que la publicidad es el invento de nuestro siglo, y hay que reconocer que las agencias que a ello se dedican hacen muy bien su papel, cuando a estos técnicos, grandes conocedores de la psicología de masas, vas a encargarles una campaña, ellos no te preguntan por la calidad del producto, sino a quién quieres lavarle el cerebro para que se consuma.
Henry Ford, cuando ya era rico con su industria de automóviles, decía que si se quedara pobre y con sólo cinco dólares para comenzar un nuevo negocio, dedicaría cuatro de ellos a publicidad y el otro al montaje de la nueva industria, y esto, que puede ser exagerado, es lo que viene ocurriendo hoy en día.
El que no piense así, que se pare a examinar esas campañas que se hacen, por ejemplo, de productos de belleza para la mujer, en las que se promete la eterna juventud si se consumen tales o cuales productos; las de productos alimenticios que, en vez de engordar, estilizan la silueta; las de embotellados para gentes exquisitas; las de aguas milagrosas que hacen “el andar rubio y el pie pequeño”; las cremas que convierten en Venus de Milo a la “tía” más fea que uno pueda imaginarse.
¿Y qué me dicen ustedes del “come-coco” de los niños en las fechas próximas a Reyes? Resulta que los juguetes anunciados por estos medios —sobretodo la “tele”— suelen ser los más feos e inútiles del mercado, pero nuestros “angelitos”, a los que se les ha hecho una científica “inseminación cerebral”, son los que piden a los Reyes.
Traduzcan ahora todo esto a la campaña electoral, y sepan que ésta se les ha encargado —en la mayoría de los casos— a empresas publicitarias especialistas, que no se han parado a preguntar a los partidos ni su credo, ni si lo que ofrecen es bueno, ni si lo van a cumplir… y se han puesto a lavarnos el cerebro con “slogans” trazados por estos especialistas, por el partido, que tienen una gran carga psicológica para convencerle a uno de las excelencias de un producto, que a lo peor viene averiado; lo que traducido al lenguaje normal puede ser el darnos “gato por liebre”, con nuestra propia complacencia, En fin, que a mi todo esto no me parece serio.
Diario HOY, 17 de octubre de 1982

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