sábado, 7 de octubre de 2017

La calle del horno


(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
Vamos a echarlo hoy por el callejero, que según un comunicante, asiduo lector de las ventanas, lo tenemos un poco olvidado. Hablaremos de las calles de Cáceres y, desde luego, de la del propio comunicante.
Muchas de nuestras calles tienen el nombre disminuido sobre el que fuera el suyo antiguo. Entre ellas podríamos citar la hoy llamada calle Peñas, cuyo nombre original fue “calle de Juan de la Peña”, o también la llamada plaza de Santa Clara, cuyo nombre antiguo fue “plaza del Potro de Santa Clara”, o la de San Juan que de antes se llamó “Corredera de San Juan”.
Pues bien, algo de esto sucedió con la hoy conocida calle del Horno, cuyo nombre original antiguo fue “calle del Horno de Ribera”, como consta en antiguos documentos de los que ya nadie se acuerda.
Es ésta una de las calles más viejas de nuestra ciudad, quitando las de dentro de muralla. Con las de Caleros, Gallegos, Hornillos, Cornudilla y alguna otra, es  de las primeras que se hicieron fuera de las murallas y pienso yo que, como continuación de la de Gallegos, fue poblada por artesanos entre los que debería encontrarse ese panadero llamado Ribera, que estableció su horno en ella.
Lo curioso del caso es que ese horno, u otro similar al que hubiera primero, ha durado hasta nuestros días y yo he llegado a conocerlo, siendo el último panadero que lo utilizara Reyes Flores, que aún vive, aunque su domicilio actual está ahora en la Barriada de Casas Baratas. Este horno, ocupaba la casa número 17 de dicha calle, contigua a otra en la que vivían los abuelos del actual alcalde de Cáceres, el señor Iglesias y su esposa, la señora María, de los que tengo gratos recuerdos de mi niñez.
La casa en que estuvo instalado el horno fue transformada y, curiosamente, se ha destinado —y aún se destina— a industrias variadísimas, algunas de las cuales han sido famosas en el Cáceres de nuestros días. La casa, reformada en edificio de dos plantas, estuvo ocupada por la sociedad formada por los recientemente fallecidos hermanos Berzosa, que fundaron en ella una de las primeras salas de fiesta y baile de tipo moderno, conocido por “Ansandy”, en la que actuaron también algunas de las primeras “animadoras” que vinieron por Cáceres, y en donde muchos cacereños de mi época aprendieron los primeros pasos de baile. Después, en este edificio existió una imprenta llamada “Jomarin”, propiedad de José María Rincón; más tarde, una fábrica de bolsas de papel, que fundó Juan Mayoral que la tomó en traspaso. Últimamente el edificio se destinó a restaurante con el nombre de “El Patio”, y en él se dieron infinidad de bodas y banquetes, para terminar cerrado y utilizado sólo como almacén, por sus actuales propietarios que son los mismos del “Figón Eustaquio”.
Recojo estos destinos del edificio por la curiosidad de que siempre fue dedicado a industrias y nunca a vivienda particular, y porque el primitivo horno de pan que existió en él, fue el que dio el nombre a la calle. Con ello creo complacido a mi comunicante y algunos otros cacereños, a los que les gustan estas curiosidades.
Diario HOY, 12 de agosto de 1983

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