domingo, 5 de noviembre de 2017

Ciento volando


Nuestras corporaciones están por los “macroplanes”, olvidando los “miniplanes” de la atención diaria. Pienso yo que en esto como en el refrán de “vale más pájaro en mano que ciento volando”, primero hay que tener el pájaro en la mano y no dejarle marchar impresionados por el centenar que vuelan y que teorizamos con apresar en alguna ocasión.
Me explicaré para que cualquiera lo entienda: por ejemplo, el tener en estudio o teoría un plan vial para toda la ciudad —hace ya años— no debe implicar el no atender el tráfico, no crear aparcamientos y encogerse de hombros diciéndose aquello de: “Bueno, si todo lo vamos a arreglar cuando pongamos el plan total en marcha…”. Lo mismo podríamos decir del plan de rehabilitación de la ciudad monumental, que no debe implicar el abandono de ésta, sino el seguir con las atenciones de reponer su alumbrado actual, vigilar sus calles, reparar lo que se  deteriora y no fiarlo todo a que se ponga en marcha el “macroplan”, que sabe Dios cuándo podrá hacerse. Lo mismo podríamos decir del “libro blanco” sobre las necesidades de la provincia, que se concluirá a finales de año; o del programa de rehabilitación de toxicómanos, que no debe implicar el abandonar la persecución del tráfico de drogas; o de la reforma del Plan General de Ordenación Urbana, que no debe implicar ordenar lo ordenable, mientras éste llega. Les viene pasando a nuestras autoridades responsables lo de aquel que se va a cambiar de casa comprando un piso nuevo, que mientras éste llega abandona la atención a la vivienda actual, que acaba convirtiéndose en inhabitable porque todo el esfuerzo se orienta hacia el futuro imaginado. Precisamente el gobernar lo actual implica el atenderlo puntualmente, evitando su deterioro, aunque se siga trabajando para el futuro,  porque una cosa no debe ser pretexto de abandono de la otra.
Diario HOY, 22 de abril de 1984

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