lunes, 6 de noviembre de 2017

Tradiciones desaparecidas


Ahora que ha llegado una primavera lluviosa, y aun fría, suele haber el comentario de que este tiempo no es propio para esta estación, cuando yo creo todo lo contrario. Me baso en ello porque en mis tiempos infantiles había una serie de tradiciones, algunas desaparecidas ya, para las que había que contar con el buen tiempo y éste nos las estropeaba un montón de veces, porque excepto en los tiempos de sequía como los que acabamos de pasar, estas lluvias y este mal tiempo era lo habitual por estas fechas.
Entre esas tradiciones desaparecidas, había la del borreguito pascual que se compraba a cada niño cacereño para que durante el tiempo que media hasta la romería de la Montaña, jugara y disfrutara de él con la obligación de llevarlo a pastar al campo diariamente, cosa que era normalmente problemática porque las lluvias eran frecuentes por esas fechas y el disgusto infantil por no poder hacerlo también, y en esa edad estas cosas no se olvidan.
El borreguito tenía que alimentarse a base de comprar ramos de trébol a los vendedores ambulantes que lo voceaban durante ese tiempo al grito de: “¡Trébol pa los borregos!”.
Otro botón de muestra podría ser aquellas romerías de la Montaña, con excursión campestre en las que las familias, sorprendidas por la lluvia, tenían que refugiarse en alguna casa de campo, o en el propio santuario, cosa que, sucedía dos de cada tres años, lo que quiere decir que también el tiempo era inseguro y lluvioso.
Finalmente había otra tradición desaparecida en nuestra ciudad y que tuvo mucho arraigo, como eran las “Cruces de Mayo”, realizadas tal día como hoy, y en la que los chavales de cada barrio preparaban en el zaguán de una de las casas, una especie de altar, con la cruz y cuantos adornos puedan imaginarse, para pedir a todo el que pasaba por la calle, al sonsonete de: “Deme una perra para la Cruz de Mayo, que sino no me callo”. Lo recaudado servía para hacer una merienda, pero también la lluvia disminuía el paso de “clientes” por la calle, estropeando muchas veces esta tradición. El correr del tiempo se llevó estas tradiciones, pero la lluvia entonces y ahora ha quedado, que era lo que queríamos decir.
Diario HOY, 3 de mayo de 1984

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