
Pero no vamos a entrar en detalles, sino en lo que dice el pueblo, que
es cierto. Si un particular trata de restaurarlo y hace alguna de las
atrocidades arquitectónicas que ha hecho la Diputación, se hubieran echado
encima: Bellas Artes, la Comisión de Monumentos, los colegios profesionales de
estos asuntos, etc., etc. Precisamente, el poco precio a que se venden estos
palacios radica en que, al estar en una zona monumental, teóricamente no se
puede variar un clavo de ellos, aunque la teoría falla cuando se trata de un
organismo de tanto peso como la Diputación, lo que sin duda es una injusticia porque
esos organismos son los más obligados a conservar el patrimonio que es de todos
y cumplir las normas que en muchas ocasiones ellos mismos han dictado.
No es ejemplar este
comportamiento y, aunque sabemos que no se nos hará caso alguno, tenemos
que recoger lo que el pueblo dice, con toda la razón.
Diario HOY, 29 de agosto de 1984
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