domingo, 7 de enero de 2018

Artabán, el cuarto mago


El poeta, escritor  y buen amigo que es Fernando Bravo, a cuenta de una de mis “ventanas” titulada: “El cuarto rey mago”, en la que yo me refería al Defensor del Pueblo como tal, me escribe una carta titulada : “El cuarto rey mago”, en la que yo me refería al Defensor del Pueblo como tal, me escribe una carta con unos preciosos versos en la que me habla del cuarto mago al que él llamaba Artabán, y traza el argumento de un poético cuento suyo, inédito, referido al mismo.
Como quiera que la festividad de los Reyes Magos, como quien dice, acaba de pasar, todavía es tiempo de hablar de ellos y de lo que hay de verdad histórica en esa tradición cristiana de la que no se sabe más que lo que dice el Evangelio de  San Mateo, de que unos sabios o magos de Oriente vinieron guiados por la estrella a venerar al Niño Dios y lo que sucedió con ellos. Lo de que eran tres y que se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar, así como lo de que eran reyes, fue una tradición cristiana surgida mucho después.
Volviendo ahora al cuento de mi ben amigo Fernando Bravo, diré que él, tomando también una traición existente, llama al cuarto rey mago Artabán y, en efecto, por la época de Cristo existió un rey de los partos llamado Artabán III, al que Tiberio destronó un montón de veces. Según ese cuento, Artabán, que marchaba con Melchor, Gaspar y Baltasar, en vez de continuar hacia el Portal se entretuvo haciendo el bien a unos y otros y llegó, moribundo, a conocer a Jesús.
Diario HOY, 13 de enero de 1986

NOTA.- Junto al texto anterior, Fernando deja una nota manuscrita en la que indica: “Muy mutilado y hecho sin sensibilidad ni cabeza, lo que le quita todo el sentido que tiene.
Se adjunta el original en el que se subrayan en rojo las partes suprimidas”. El original completo, al que se refiere, dice lo siguiente:

El poeta, escritor  y buen amigo que es Fernando Bravo, a cuenta de una de mis “ventanas” titulada: “El cuarto rey mago”, en la que yo me refería al Defensor del Pueblo como tal, me escribe una carta con unos preciosos versos en la que me habla del cuarto mago al que él llamaba Artabán, y traza el argumento de un poético cuento suyo, inédito, referido al mismo.
Como quiera que la festividad de los Reyes Magos, como quien dice, acaba de pasar, todavía es tiempo de hablar de ellos y de lo que hay de verdad histórica en esa tradición cristiana de la que no se sabe más que lo que dice el Evangelio de  San Mateo, de que unos sabios o magos de oriente vinieron guiados por la estrella a venerar al Niño Dios y lo que sucedió con ellos. Lo de que eran tres y que se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar, así como lo de que eran reyes, fue una tradición cristiana surgida mucho después. Según los “Apócrifos” y otras tradiciones, estos sabios magos, que eran astrólogos, pudieron ser cuatro, otros elevan la cifra a seis y algunos hasta a doce, lo que parecería una verdadera multitud de sabios ante el Portal de Belén, que posiblemente hubieran prohibido los romanos poco amigos de manifestaciones, aunque fueran de amor En fin, que lo de hacerlos reyes surgió también después, para significar una superior categoría de estas personas, más bien científicos, cuyos nombres la tradición señaló como el de Melchor, Gaspar y Baltasar.
Volviendo ahora al cuento de mi buen amigo Fernando Bravo, diré que él, tomando también una traición existente, llama al cuarto rey mago Artabán y, en efecto, por la época de Cristo existió un rey de los partos llamado Artabán III, al que Tiberio destronó un montón de veces. Según ese cuento, Artabán, que marchaba con Melchor, Gaspar y Baltasar, en vez de continuar hacia el Portal se entretuvo haciendo el bien a unos y otros y llegó, moribundo, a conocer a Jesús cuando éste expiraba en el Gólgota.

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