viernes, 26 de enero de 2018

Una cuestión de apreciaciones


Viendo la indefensión en que está el ciudadano en la calle, o las cosas de uso común, que son de todos: jardines, estatuas, fuentes, etc., que se suelen romper, manchar o estropear impunemente, sin que los autores de ese desmán sean nunca conocidos, mucho menos apresados y menos aún sancionados adecuadamente, uno llega a preocuparse de por qué hay este abandono por parte de los que elegimos para que guardaran el orden y no lo saben o no lo quieren guardar.
La otra noche fue manchada de pintura una obra de arte, la obra póstuma de un escultor cacereño de categoría universal como fue Pérez Comendador, de la que todos deberíamos estar orgullosos de tener en nuestra calles. La estatua de Hernán Cortés fue impunemente manchada, sin que el “berzas” que lo hizo tuviera la mala suerte de tropezarse con un guardia, mientras realizaba ese desmán que nos mancha a todos. Pero es que, mucho antes y en reiteradas ocasiones, se han robado motivos ornamentales de la estatua de Gabriel y Galán que está en Cánovas, o se han roto otros motivos de la estatua que los liberales de Extremadura dedicaron a Juan Muñoz Chaves; o, también en la impunidad, se han destrozado los motivos ornamentales de las fuentes de Cánovas, o se queman y destrozan las papeleras, los árboles, los jardines. ¿Es que no hay guardas? Pues sí que los hay, pero hay que reconocer que los guardas no saben a qué carta quedarse, como suele decirse, y piden a Dios no tener que actuar ante algún gamberro de este tipo, porque si vienen mal dadas y tienen que ser un poco duros reprendiéndole —porque los gamberros y más en grupo no suelen callarse— pueden acusarle de malos tratos y ser él el que se juegue el cargo y, posiblemente, el pan de sus hijos. Mientras sigan así las cosas, no esperemos que la seguridad ciudadana vuelva a las calles.
Diario HOY, 22 de agosto de 1986

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