jueves, 1 de febrero de 2018

La obsesión del presidente


Nuestro presidente, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, tiene obsesión por lo que los conquistadores extremeños hicieron en su época y en su entorno histórico, y anda a vueltas pidiendo perdón a todo el mundo por lo que aquellos superhombres, nacidos en su mayoría en este mismo suelo donde nacimos él y yo, hicieron en la conquista del nuevo mundo. Pienso yo, como extremeño de ahora, que las espadas del pasado están bien en sus panoplias y que ninguno de los extremeños de ahora vamos a tener ocasión de que pidan perdón por nosotros, ni de que —con perdón o sin él— la historia nos llegue a considerar, a los que formamos ahora Extremadura, ni sombra siquiera de lo que fueron e hicieron aquellos conquistadores de antaño, con los que sólo nos une, a mi modo de ver, el haber nacido en la misma tierra, porque creo que ni descendientes de ellos puede considerársenos.
En mis viajes a Hispanoamérica, cuando algún guía o intelectual de aquellas tierras se mostraba tenso por no querer hablar mal de los conquistadores en mi presencia, yo solía decirle: “Puede hablar con toda libertad mal de los conquistadores, porque de quien hablará mal en primera instancia es de su propia familia, no de la mía. Mi abuelo o tatarabuelo se quedó en España, y por eso nací yo allí, los conquistadores pudieron ser hermanos de esos antepasados míos, pero aquí casaron y aquí quedaron sus descendencia, que es de la que ustedes procederán, pero no yo. Por tanto hable mal de los conquistadores, que son más familia suya que mía.”
Esto mismo habría que decirle a Rodríguez Ibarra, para que se deje de pedir perdones ajenos y se dedique más a lo que podamos conquistar y hacer los extremeños de ahora, que a lo que hicieron aquellos superhombres de antaño con los que, ojalá, pudiera comparársenos hoy.
Diario HOY, 18 de noviembre de 1986

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